Blog de estebanheredero

LA SÚPER BOWLA

Felicidad. Es lo que sentí cuando me levanté aquella fría mañana del 30 de Febrero de 2018. El íntimo concierto que tuvieron los vecinos de arriba, actuó como despertador en mi subconsciente. Abrí los ojos y sentí que el poder de Yisucrist había actuado sobre mí. La miopía se había erradicado, miraba el despertador y no hacía falta que achinara los ojos para ver bien la hora que era. ¡Milagro!, pensé. El karma me había devuelto todo aquello bueno que hice, cómo la vez que doné los 10 céntimos que me sobraban del King Ahorro a la Fundación Burguer King. Frustración. Es lo que sentí cuando me di cuenta de que me había acostado con las lentillas, y por consiguiente, el karma no existe. Quedaría romántico pensar que lo primero que pensé cuando me levanté fue en ti, si en ti, en el que estás detrás del aparato por el que estás escuchando este programa, pero lamento decirte que a veces la vida es mucho más banal de lo que creemos. Lo primero que pensé, fue lo mismo que proyecto todas las mañanas sobre mi cabeza: “Joder, me estoy meando intensamente”. Tras golpear las paredes de la taza del váter con mi oro líquido, era el momento de ducharse. Cómo todos los 30 de Febrero, una vez al año, sea necesario o no, el baño era obligado. 

La toalla de mano que tenía en el lavabo actuó como elemento de censura sobre mi cuerpo. Abrí la nevera y me preparé un desayuno ligero; callos con garbanzos y chorizo, y un café de postre. La intensa vida del periodista quiso que aquel día, mi compañero de redacción y yo cubriéramos la Súper Bowla; la final de petanca, celebrada en Villanueva del Pardillo. Después de un último paso por el baño provocado por el café, me monté en mi Renault Clio; con el que me hice Madrid-Murcia en 3 horas, ya os contaré esa historia. Recogí a mi compañero en la puerta de su caravana y nos adentramos en las tranquilas carreteras madrileñas. Camela quiso acompañarnos durante nuestro crucero por las vías capitalinas. Cuando zarpa el amor, Ángeles se postró en el asiento trasero de mi Clio, se puso el cinturón y nos contó la historia de por qué nunca debió enamorarse, pero sin embargo nunca puede estar sin él. El destino quiso que llegando a nuestro destino, en una curva, se nos apareciera “Dioni de la curva” y nos dijera con voz tenebrosa: “En esa curva hay una gasolinera, ahí podéis adquirir el nuevo cassette de Camela”. Con el miedo en el cuerpo, conseguimos llegar a Villanueva del Pardillo. Un cartel luminoso, en el que se podía apreciar perfectamente la silueta de la palabra “CLUB” fue reciclado para darnos la bienvenida al evento del año: LA SÚPER BOWLA 2017. Aparcamos el coche en el parking oficial, y dimos una propinilla al gorrilla oficial del evento. El concierto internacional de Camilo Sesto amenizaba la espera a todos los asistentes del acontecimiento del año, mientras que los bares cercanos abastecían de Mirinda a propios y extraños. Las instalaciones estaban a la altura de lo que allí se estaba celebrando. El terreno de juego, en el centro, estaba custodiado por el escenario en el que minutos más tarde de la actuación de Camilo Sesto, haría su actuación estelar Raphael, para dejar paso a Massiel que cerraría el acto tras la entrega de premios. Gran parte del terreno estaba ocupado por los urinarios portátiles que se convirtieron en algo vital para muchos de los asistentes y participantes. Las gradas, repletas, no sabían que podía ser su gran noche. Los finalistas; Edgardo y Marcelo, descansaban en sus respectivos albergues de concentración. Tras el concierto de Raphael, y con los dos protagonistas en el terreno de juego, iba a dar comienzo la final. El Rock and Roll hecho petanca fue lo que se pudo ver el pasado 30 de Febrero en la arena de Villanueva del Pardillo. Un clásico; cómo una película de Pajares, las croquetas de tu madre, las siestas de los domingos, el matrimonio de boquerón y anchoa o el cuñao arreglando España en el bar, así fue el encuentro entre edgardistas y marcelistas. La vida puso en el albergue de ambos, el guión de Gladiator y proporcionó a los mejores actores que había para ese papel. Dos protagonistas de ensueño para llevar la película al olimpo de la petanca. Cómo en todas las leyendas, se crea un aura especial en torno a ellas, en esta no iba a ser menos. Tras un comienzo dubitativo de Edgardo, pero sin renunciar a su esencia, éste,  iba a por la victoria. En el ecuador de la partida, Marcelo, logró un carro seco, un perfecto lanzamiento que hizo retrasar la posición de la bola de Edgardo. Cuando que parecía que todo estaba perdido para Edgardo, y tras un notable desgaste físico, el apoyo del Frente Edgardista hizo que éste, realizara un tiro de aproximación al boliche que le otorgó la victoria mundial. Edgardo era campeón. Massiel, hizo entrega del premio al campeón; un fantástico viaje para dos personas a Benidorm. Ésta, se encargó de cerrar el evento del año cómo ya lo hiciera con el evento europeo por excelencia en 1968. “La, la, la, la” puso fin a un hito histórico. Tras recoger el coche y volver a casa, mi compañero y yo, coincidimos en algo. ¡QUÉ BONITO ES SER PERIODISTA, AQUELLA MISMA TARDE, HABÍAMOS CONOCIDO A CAMILO SESTO!

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